Reseña del concierto de Rod Stewart el 1 de abril en la Arena Monterrey.
Cuando Rod Stewart se presentó por primera vez en Monterrey lo hizo en el Estadio Universitario, con un lleno total como pocos lo han logrado. Pero anoche… disculpen, no es nostalgia pero… ¡ojalá fuera el ‘89! No por las diferencias de sonido o escenografía, y ni modo de quejarse de la comodidad de la Arena… pero ¡qué público tan apagado el del 2008! Esto es lo que pasó: Dieron las 9:00 PM en punto y el show inició con un documental que mostraba imágenes de Stewart en diversas épocas de su carrera. Enseguida el cantante entonó con esa rasposa voz el famoso tema de Bonnie Tyler, “It's a heartache”. Como es costumbre, a la hora marcada en el boleto aún no estaba ni el 60 por ciento del público, a lo cual Rod reaccionó mirando su reloj con un gesto que significaba algo así como “¿en dónde quedó la gente?”. Los primeros 45 minutos se caracterizaron más por personas que desfilaban por las butacas para encontrar su lugar, que por buenas rolas. En fin, casi a la mitad del concierto ya se encontraban en su lugar los aproximadamente 11 mil asistentes, la mayoría adultos nice. El escenario fue elegante y sobrio, tan sólo rodeado de instrumentos y por atrás una pantalla gigante de alta definición, en tanto bajo los pies de Stewart yacía un logo semejante al del Starbucks, pero que era el de su equipo favorito de futbol, el Celtic de Escocia. Ahí tuvimos a nuestro objeto de museo lleno de vida, al hombre más sexy de 63 años que se haya visto, sacudiéndose de un lado a otro y moviendo las caderas como si fuera un jovenzuelo conquistando chavas.. Los músicos que acompañaban a Rod, entre los cuales se encontraban algunas chicas (para el deleite visual de algunos), tres coristas de potente voz, y dos bailarinas, hacía evidente la calidad del concierto. Fue una actuación propia de un adulto mayor: la pérdida de memoria (según el cantante, ésta era la primera vez que visitaba Monterrey, luego dijo que ya había venido en 1999), la disminución de la carga rockera (ahora hubo más baladas que rock en comparación a 1989), un intermedio de 10 minutos y, por si aquello de la fatiga, por qué no dejar a una de sus coristas adueñarse del escenario un momento personificando a Tina Turner, para que el rockstar rubio reposara un poco tras bambalinas. Así, el show se dividió en dos partes. En la primera parecía que estábamos en un concierto de Barry Manilow: Stewart nos charoleó con su saco plata brillante y sus zapatos bien boleados e interpretó algunas de sus rolas más románticas, como “The first cut is the deepest”, de Cat Stevens, y “Have I told you lately”, de Van Morrison, así como “Father & son”, también de Stevens. En este bloque el púbico pareció hacer más ruido al escuchar “Have you ever seen the rain”, original de Creedence Clearwater Revival; al momento de escucharla, en las pantallas de la Arena se proyectaba a los músicos tocando pero con un efecto de lluvia cayendo sobre ellos… ¿lluvia sobre el escenario? ¡Muchos se la creyeron! A esas alturas, aquello parecía el momento cumbre. Después de “Dirty old town” apareció un mensaje en la pantalla gigante donde Rod Stewart invitaba a los asistentes al tocador, al baño o a comprar algo. La segunda parte fue la más rockera, ahora el cantante aparecía con una chaqueta negra de charol y luego tenis, para sacudirse ante rolas prendidas como “Sweet little rock’n’roller”, “Twistin’ the night away” y “Proud Mary”, la de los Creedence (y también un éxito de la Sra. Turner), esta última, como ya hicimos referencia, interpretada por una de las coristas con el apoyo del público. Al llegar “Hot legs” también reiniciaron los bailoteos y patadas de Stewart que traerían consigo la clásica lluvia de balones autografiados (hasta la prensa alcanzó). Después sonó “I don’t want to talk about it”, durante la cual dos miembros del staff, uno con un burro de planchar y otro con una escalera, atravesaron al escenario, luciendo rostros tristes (más bien parecían estar desubicados), lo cuál arrancó unas cuantas carcajadas del público. Con “Maggie May”, Rod bombardeó con más balones autografiados a lo que un fanático respondió lanzando una camiseta de Rayados al cantante (seguramente el iluso pensó que se la pondría). Ya había retumbado “Hot legs” con las bailarinas con minivestidos, ya había interpretado “Sailing”, y simplemente no parecía que el público estuviera escuchando grandes éxitos. Llegó, para cerrar el show, la canción más conocida y representativa de Rod Stewart, “Da ya think I’m sexy?”, y ni el sombrero charro que recogió del suelo, ni sus movimientos sexys, ni toda la fiesta que hicieron los músicos, las bailarinas y las coristas bastaban para que nuestro “exigente y conocedor” público, tal vez fanático de Creedence, se levantara de sus asientos. ¿Dónde estaban los gritos ensordecedores?, ¿dónde estaban los coros que opacan al artista?, ¿estaría nuestro público más sediento de covers?, ¿querrían más balones?, ¿será el maldito reggetón que sonaba afuera de la Arena en una de esas camionetas de publicidad? * Con apuntes de Mario Núñez
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